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| TIEMPO DE VENDIMIA Y MIGRACIÓN |
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| Escrito por Domingo Blanco Sidera | |
| Wednesday, 19 de September de 2007 | |
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Cuando llegan los primeros días de septiembre parece que todo empieza a cambiar. La rutina del trabajo, los días más frescos y cortos, la luz... La luz del otoño tiene un tono especial, un tono que parece querer acompañar a las hojas de los árboles, que empiezan a tomar mil tonos de amarillos y rojos. Es una luz cálida que inspira tranquilidad. Quizás el cambio más drástico del otoño sea el de la hora oficial, que nos deja a todos con los bioritmos un poco alterados. Cambios de luz, de colores, de temperaturas, de sensaciones. También de olores. De repente, algún día, se empieza a percibir un olor que se mezcla con todo el entorno para crear una sensación que yo llamo "tiempo de vendimia". Por supuesto me refiero al olor del mosto que empieza a fermentar en las bodegas. El otoño es mi estación preferida. Aparte de esa sensación placentera, el "tiempo de vendimia" es la mejor época para mis dos principales aficiones: los pájaros y las setas. Todo el mundo sabe que ahora empiezan a proliferar setas y hongos. Pero quizá no todos se han fijado en un proceso que, aunque impresionante por su magnitud, puede pasar inadvertido: la migración de las aves. Multitud de aves, desde pequeños pajarillos de apenas 10 gramos de peso, hasta las grandes zancudas (cigüeñas, garzas o grullas) o los pesados gansos, han estado aprovechando la gran cantidad de alimento que se produce en verano en tierras del norte. Las poblaciones de insectos, pastos, semillas o pequeños vertebrados del centro y norte de Europa, que sirven de alimento a todas esas aves, tienen un carácter explosivo, ya que solo un par de meses al año hay temperaturas adecuadas para que la mayor parte de los animales y plantas cumplan sus ciclos vitales antes de que el frío y la nieve lo impidan. Cuando empieza el frío cada especie tiene su propia estrategia para sobrevivir. Las plantas lo harán en forma de semillas, tubérculos, bulbos u otros órganos subterráneos que quedan en el suelo en espera de la próxima primavera. Algunos insectos pueden invernar escondidos en grietas o agujeros, mientras que otros quedan en forma de crisálida (capullo) o dejan hechas sus puestas de huevos y mueren todos los adultos (igual que hacen, por ejemplo, las mariposas de la seda). Los roedores, anfibios, peces y reptiles suelen reducir su actividad y caer en un letargo invernal. Los animales con mayor capacidad de desplazamiento (grandes mamíferos, como los renos, y ,sobre todo, las aves) son los que han optado por la estrategia de migración hacia el sur, buscando tierras más cálidas donde el alimento no desaparece durante el invierno. El proceso de la migración en las aves es muy variado y a veces espectacular. Las distancias pueden ser impresionantes. El récord lo tiene el charrán ártico, una golondrina de mar de 35 centímetros de longitud que se reproduce en el círculo polar ártico y pasa el invierno en el círculo polar antártico. Aproximadamente 17.500 Kilómetros de ida y lo mismo de vuelta. La distancia recorrida en un día es muy variable. Algunas especies prefieren etapas cortas, parando para recuperar la energía perdida. Otras acumulan gran cantidad de energía en forma de grasas, llegando a doblar su peso, para realizar largas etapas de hasta 1.000 Kilómetros. La velocidad también depende mucho de cada especie. Las aves pequeñas como currucas o golondrinas vuelan a unos 40 Kilómetros por hora, aunque la velocidad y dirección del viento puede hacer aumentar o disminuir mucho este parámetro. Solemos clasificar a las aves migradoras en dos grupos: los migrantes transaharianos y los invernantes mediterráneos. Los primeros son especies que pasan el invierno en el Africa tropical, por lo que su etapa más difícil será atravesar los 1.500 Kilómetros del Sahara. Entre ellos se encuentran golondrinas, cigüeñas, muchas currucas, mosquiteros, cucos. Los invernantes mediterráneos son especies que pasan el invierno en los países costeros del Mediterráneo. La mayoría son especies con poblaciones residentes en nuestras latitudes que se ven incrementadas con la llegada de sus parientes norteños. Son especies como muchos fringílidos (pinzones, pardillos, jilgueros, verdecillos, verderones, lúganos). También las lavanderas cuyo nombre popular, pajaritas de las nieves, se debe a su gran abundancia en inviernos fríos. Algunas limícolas (correlimos, andarríos, chorlitos) que crían en las tundras árticas gustan de pasar el invierno en las costas mediterráneas (al fin y al cabo no se diferencian mucho de tantos jubilados suecos o alemanes que hacen lo mismo). En fin, es este un somero paso por el fenómeno de la migración de las aves y, sobre todo, por el buen tiempo de vendimia. DOMINGO BLANCO SIDERA |
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